Las venas conducen la pasión del ser a través de un flujo constante y sonante. Latidos en vaivén incansable hasta el día del estertor final. La naturaleza propia del hombre y de los seres vivos en decaimiento por equilibrios perdidos.
De las ciencias la más loable y noble es la medicina, el arte de la cura y el diagnóstico en signos visibles y en la invisibilidad de los silencios del organismo. El contraste entre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, se comprime en una disciplina, la que abarca la homeostasis.
Antropología aplicada a la existencia del hombre y su estado natural. Sustancias para la sanación, desde el artificio para restablecer las capacidades y contrarrestar las fuerzas como la mar azota contra la costa, como la luz solar pega de lleno sobre el suelo.
Lo que mata es el ser, absorbiéndose a sí mismo por agujas que toman la vitalidad del espíritu entre mortecinos rayos. La medicina llega para quitar las puntas filosas o para reducir el dolor y el sufrimiento que aqueja al alma convertida en cuerpo tangible.
Los médicos sostienen relaciones poéticas y misteriosas con los pacientes, a quienes deben ver como sus protegidos para ayudarlos a la pronta recuperación del equilibrio. Es vital la confianza, al igual que los amantes o los amigos la profesan.
La medicina es un entramado sustancial de habilidades y formas, combinadas con los fondos y las diversas anatomías para agruparlas y dar un seguimiento y una cura al necesitado del alivio corporal y espiritual.
[Médicos corriendo por los pasillos de un hospital. Salas llenas. La gente da vueltas en círculos y los ciclos se repiten a sí mismos. De un buen paso a un mal trecho en escasos segundos, la vida da mil vueltas...]
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