domingo, 12 de febrero de 2012

Entre las piedras

Dans le cimetière, l'air devient lourd.

Ha llevado tanto tiempo entre las piedras y el pasto crecido, en los pasillos adoquinados. Al aire, su rostro se congela: la piel se agrieta, los poros se oscurecen y los pies se desvanecen. Un gran campo, cubierto de placas, flanqueado por almas, vigilado por los remolinos de polvo que dan vuelta, una y otra vez.
El cielo lleno de nubes grises, apenas abren espacios breves por donde la luz se filtra. Los rayos del sol tras de la masa de vapores, el azul reaviva los huecos, los espirales que van de aquí para allá. El cementerio ha dejado sus puertas abiertas, los árboles crecidos y la belleza del gris; las tumbas parecen flotar, aunque el suelo no se ha levantado ni un milímetro.
El aire se hace pesado, la respiración agitada se contiene, el sol a media luz y nada más. Lápidas que encierran misterios, ramas secas y olor a flores marchitas. Cada lugar trata de alcanzar al sol, cada mano trata de alcanzar los dedos de la otra. La vida se percibe, escondida a metros bajo tierra. La muerte es un trago que ha sido bebido, un dolor subsanado por el movimiento de las hojas.

Ha estado encerrado tanto tiempo que ya no sabe quién es, caminando entre nombres de personas que nunca conoció. Ha atrapado los grandes vientos, ha dejado ir estos ríos, ha caído sobre el polvo de los ataúdes y mordido la tierra. Sus entrañas han perdido sensibilidad, su belleza se conserva en el frío del invierno, el infierno aquí no se siente.
Su deseo es salir del camposanto, quitarse el peso que le ha sido dado, regresar de un exilio que no le pertenece. Ha de remover su nombre de esa piedra, salir de la caja muerta. Ha de cambiar penumbra por claridad, regresar a la vida y romper las cadenas de aquello que no es suyo.

jueves, 9 de febrero de 2012

La playa

Mirando al cielo, porque es eterno y se sufre menos.

Amarte todo el tiempo, aunque en verso deshecho siempre estés. Amarte todo el tiempo, aunque mío no seas. La arena blanca, inmóvil, a la luz del sol. El océano, inmenso, fuerte, cercano. El cielo, abierto, lejano. Soñar que se está en el agua salada, ahí ya no se siente nada. El reloj no marca las horas sobre la playa y no se distingue entre el día y la noche. Los cristales se han roto, las lágrimas se han secado, las nubes se disipan.
Perder, ¿por qué no has podido perderme? Tan bien lo has intentado y sigo llegando a tu lado.
Amarte todo el tiempo, sin importar la cara de la moneda. Amarte aquí, tirado sobre el mar, quemado en la tierra, aunque mío...no seas.

jueves, 2 de febrero de 2012

De la lucidez

"Las noches blancas son un fenómeno de verano, cuando los días rondan
el solsticio. La oscuridad desaparece y se vislumbra un exceso de luz, presente
hasta después de la puesta del sol, que parece ininterrumpida."
Pero, yo las viví en el frío, a plena luz de invierno.

En estos días, cuando la luz no se agota, sale este brillo a la superficie de la piel. Flotan estos barcos sobre el océano que resplandece y se mantiene cálido. Las flores parecen no florecer y los poetas salen a admirar la belleza de la avalancha contradictoria de la noche.
En estas, mis noches blancas, las fotografías pasan volando en secuencia, una tras otra. La puesta del sol se extiende sobre la naturaleza muerta y el artificio de las calles. Los pasajes se quedan llenos y las casas vacías. 
En el momento de la penumbra, yo no percibo el sonido de las monedas caer. Sueño, en la profundidad de estas olas, entre la dulzura de las imágenes que desfilan en mi mente, con miles de ríos de focos que alumbran todas estas avenidas, lejos de mí. Allá, donde acaba mi conciencia y despiertan los cadáveres de los días pasados, donde las sustancias alteran los estados, donde el aire es la piel y está fuera de mí.
Las palabras tristes y las canciones empolvadas, los sobres cerrados y los ojos bien abiertos. La fruta a medio roer y los libros deshojados. Las velas se apagan pronto y los aviones surcan el éter. En estas, sus noches blancas, no hay rostros.
En la chispa de la claridad, los olores llegan de golpe y a golpe. Los viajes rebasan las páginas blancas y los mensajes de desesperación y emergencia. Las luces rojas se pierden con el rompimiento del horizonte y la lucidez se estrella contra la corteza cerebral. Aquí, cuando vienen todas las memorias y se duermen estos fantasmas, cuando se han llevado los pensamientos y las ideas, cuando el mar levanta la tierra y derrumba todo a su paso.

Es en estos días, cuando la luz no se agota y entra de lleno en los cuartos. Subsiste sobre la superficie de las hojas negras y en las miradas perdidas, los ojos al cielo, sobre el azul.