jueves, 2 de febrero de 2012

De la lucidez

"Las noches blancas son un fenómeno de verano, cuando los días rondan
el solsticio. La oscuridad desaparece y se vislumbra un exceso de luz, presente
hasta después de la puesta del sol, que parece ininterrumpida."
Pero, yo las viví en el frío, a plena luz de invierno.

En estos días, cuando la luz no se agota, sale este brillo a la superficie de la piel. Flotan estos barcos sobre el océano que resplandece y se mantiene cálido. Las flores parecen no florecer y los poetas salen a admirar la belleza de la avalancha contradictoria de la noche.
En estas, mis noches blancas, las fotografías pasan volando en secuencia, una tras otra. La puesta del sol se extiende sobre la naturaleza muerta y el artificio de las calles. Los pasajes se quedan llenos y las casas vacías. 
En el momento de la penumbra, yo no percibo el sonido de las monedas caer. Sueño, en la profundidad de estas olas, entre la dulzura de las imágenes que desfilan en mi mente, con miles de ríos de focos que alumbran todas estas avenidas, lejos de mí. Allá, donde acaba mi conciencia y despiertan los cadáveres de los días pasados, donde las sustancias alteran los estados, donde el aire es la piel y está fuera de mí.
Las palabras tristes y las canciones empolvadas, los sobres cerrados y los ojos bien abiertos. La fruta a medio roer y los libros deshojados. Las velas se apagan pronto y los aviones surcan el éter. En estas, sus noches blancas, no hay rostros.
En la chispa de la claridad, los olores llegan de golpe y a golpe. Los viajes rebasan las páginas blancas y los mensajes de desesperación y emergencia. Las luces rojas se pierden con el rompimiento del horizonte y la lucidez se estrella contra la corteza cerebral. Aquí, cuando vienen todas las memorias y se duermen estos fantasmas, cuando se han llevado los pensamientos y las ideas, cuando el mar levanta la tierra y derrumba todo a su paso.

Es en estos días, cuando la luz no se agota y entra de lleno en los cuartos. Subsiste sobre la superficie de las hojas negras y en las miradas perdidas, los ojos al cielo, sobre el azul.

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