jueves, 27 de mayo de 2010

Del escritor para el escritor

Cuarta carta

Si las letras fueran colores y las palabras fueran infinitas combinaciones, si tu pluma fuera pincel de cerdas finas y tus hojas tu lienzo, serías un excelente pintor. Pero no eres artista del pincel y el espectro cromático.
Tus pinturas, sin embargo, están llenas de letras que encadenadas provocan explosiones mentales, sonoras y táctiles en los lectores. Puedo ver a quienes grabas sobre papel y a diferencia de los pintores, tus personajes tienen miles de rostros aunque eres tan preciso para describirlos.
Las caras de hombres y mujeres que describes, de pieles blancas, rojizas y negras; los soles y las lunas de tus viajes por el mundo y la cotidianidad que te rodea; las situaciones en las que te has visto envuelto; los ropajes y telas finas redescubiertas en tus visiones...
Tu pasión por la lectura y la escritura hacen que pueda entender mejor tu universo, ese cosmos vasto como un campo inmenso, como la mar en tiempos de verano, como los diluvios interminables. Describes la otredad, lo ajeno a ti para hacerlo tuyo, para incluirlo en tu ser y alimentar tu ávido espíritu, insaciable de curiosidad.
Retratas la realidad cual fotografía y también pintas cual surrealista, vives en una dimensión alterna y en tus bloqueos te encierras en esferas paralelas pero fantásticas. Eres dominante de los signos verbales y te expresas de manera exquisita.
Si fueras tela serías seda. Si fueras música serías una melodía de violines de cuerdas finas. Si pudiera darte un regalo ese sería una libreta interminable para que escribieras sobre las lunas de Júpiter, los amaneceres de Arabia, los azules y congelados mares del Norte, las miradas profundas de todos tus amantes...
Escritor, escribe ahora y para mí, un verso que sea una llave para abrir la puerta a tu mundo oculto, lejano de la realidad. Usa mi cabeza y recárgala sobre tu retorcido pecho cual campo de trigo negro. Pinta libros y escribe imágenes. Escritor, descritor, describidor...tus letras ahora salen del papel y de a poco se elevan en la bóveda nocturna, hacia el argénteo astro que ilumina tu rostro, también lleno de negra hierba.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Paisajes del deseo

Goldfrapp - Felt Mountain
Mute, 2000

Sonidos que retuercen la mente, dulzura e histrionismo en acordes vocales suaves como el terciopelo. Imágenes de paisajes a alta velocidad que reflejan el sentimentalismo de la cantante inglesa Alison Goldfrapp. Hablar de Felt Mountain es como relatar un viaje complejo y con interesantes altibajos.
La sensualidad se desborda por cada tono que lleva a diferentes escenarios. Los tratamientos vocales y los sonidos hacen explotar cada poro, cada centímetro de piel. Se trata de travesías en suavidad de telas y en tactos exquisitos.
Cada canción se alinea con un paisaje, una imagen, una postal desde un lugar lejano y utópico. Los sintetizadores dejan salir las ideas y los sueños encerrados en esquinas recónditas del espacio mental: altas velocidades, atardeceres de mil lunas, desintegración de formas y degradación de colores, lágrimas obscenas, verdores de varios matices de inmensos jardines...
Desde la voz original de Alison hasta sus diversos filtros reflejan sensaciones que van desde la motivación hasta el dramatismo, desde la claridad de la luz solar hasta la oscuridad de algún cabaret con luces de múltiples colores.
Sonido a sonido se recorren deseos convertidos en paisajes auditivos: silbidos de seda que dan pauta a los largos caminos sobre el afán de conseguir una otredad silente en Lovely Head, al oír la frase: "Frankenstein would want your mind, your lovely head". Los recorridos estelares y espaciales de los navegantes siderales con Pilots y la instrumentación etérea de altos paisajes y tristezas sonoras en melodías como Deer Stop, Felt Mountain y Utopia.
Si pudiera definirse la combinación entre la sensualidad y la música que despierta y evoca a lugares únicamente pensados en ensoñaciones, la respuesta se encontraría fácilmente en este disco, Felt Mountain: un viaje por los paisajes del deseo del ser humano.

martes, 18 de mayo de 2010

La ruptura

Tercera carta

Parado en el centro de toda la plancha, al mediodía, cuando las sombras no se proyectan y el sol pega duro sobre todos los objetos. Pensando y viendo pasar los autos que desaparecen como imágenes borrosas que van y vienen.
En aquella cocina olvidada, sobre los alimentos abandonados encima de la mesa yace una capa de polvo fino. Ventanas sucias, puertas que rechinan, campanas que no repican más. Pan viejo, vino, queso, frutas, mantequilla dura y mermelada. Cuando muerdo el pan, tomo un trago de vino o muerdo el queso no puedo sentir el polvo que los cubre, no percibo sabor alguno.
Al salir a la calle me rodean altos edificios grises, los cuales se juntan cada vez más, se acercan y aprisionan mi persona lentamente. El verdor de los árboles se desvaneció, la nieve ha caído sobre toda la ciudad.
Dos semanas han pasado y sigo sin sentir cosa alguna. No hay lágrima ni sonrisa ni gesto alguno. Ni siquiera la indiferencia ha pasado por aquí. Personas que hablan cerca de mis oídos, tan fuerte y claro; tantas voces al unísono y ninguna hace sentido alguno. Discursos repetidos una y otra vez al infinito.
Visión corta, reducida. Grandes distancias. Luces mortecinas que matan al albino que se asoma por la ventana apenas sostenida por oxidadas bisagras. Personas que hablan, corren, caminan y están en silencio. Caminan lento, rápido y pasan borrándose a sí mismas de la faz...
Sentidos perdidos, sentidos recuperados. Silencios largos, voces que siguen al infinito. Sigo esperando, ahora sentado, cubierto en una capa fina de polvo. Ojos cerrados, sonrisa fuera, lágrimas secas, sentidos atrofiados. Efectos de una ruptura, un rompimiento de fibras internas, lento...

[Ruptura de uno mismo con el entorno, ruptura que deja de tener sabor al no tener otro ser, ruptura que se sabe rota cuando se escuchan sonidos de amantes en la habitación de al lado...]

lunes, 17 de mayo de 2010

Abrir las ventanas

Estabas ahí, parado. Ante la fuerza de gravedad (o de voluntad) que te impedía abrir las ventanas. No puedo asegurar lo contrario pero tampoco puedo testificar de que algo así sucedió. Regresaste a la orilla de la cama y te sentaste, permaneciste ahí un rato.
Acostado ahora, seguías pensando en abrir las ventanas. De tu interior surgía una voz que decía: "abre las ventanas por favor, deja que el aire circule y ventile la habitación". Cerraste los ojos un momento y con la mano izquierda recorriste bruscamente todo tu rostro. Sentías las púas raspar contra la palma de tu mano, la cara caliente y escuchaste tu respirar.
Decidido, entonces, fuiste a abrir las ventanas. Te levantaste. Tus pies cálidos iban sobre cada una de las tablas de la madera del piso, sentías un nerviosismo y una sensación de reencuentro con algo o alguien conocido pero perdido desde remotos tiempos. Seguiste avanzando hasta llegar a la pared.
Las ventanas grandes, blancas, rectangulares... Ahora estabas frente a ellas. Jalaste el broche que detenía su unión y las dejaste ir con la corriente de aire que las azotó. Todo ese fluir ahora inundaba la habitación, sentías el aire en la cara y en el cuerpo, refrescante...
El terciopelo que cubría tu ser se torció y tus ojos se volvieron a cerrar, tu mente se despejó y el pensamiento se iluminó. Pronto vinieron imágenes lejanas entre telas ligeras y blancas, fotografías desgastadas que aterrizaron en letras de un pequeño texto que escribiste aquella tarde a la puesta de sol:
"Abrir las ventanas equivale a abrir las puertas del ser, del interior de cada persona. Cada vez que el aire fluye por las fibras sensibles de cada humano es abrirse al mundo real, sensitivo y experimental que existe.
Hoy abrí las ventanas y al sentir el aire en el rostro, en el pecho, al erizarse la piel y al fluir con éste pude experimentar las sensaciones desatándose, revolviéndose y componiéndose en armonías de colores, sabores y olores.
Abrir las ventanas equivale a abrirse a las experiencias venideras, a los semilleros por plantar y a las flores por nacer; a las lágrimas por derramar y a las sonrisas por gesticular."

Después de abrir las ventanas te recostaste en el diván, semidesnudo, mientras el aire seguía pasando por cada línea de tu delicado cuerpo. Abrir las ventanas siempre es una experiencia nueva, una forma de recorrer a través de resoplos ajenos las líneas complejas y abiertas de las siluetas propias y las ausentes, un lugar para reflejar y proyectar sombras sobre paredes brillantes...

sábado, 15 de mayo de 2010

Somos los otros

Segunda carta

¿Cómo definirnos en este punto? Hemos llegado tan lejos pero no lo suficiente como para estar fuera de nuestras fronteras. No es posible encasillarnos en cuatro paredes, en clasificaciones sueltas y estereotipos estrictos.
Es de mañana ya, son alrededor de las cinco y todavía no amanece. Estamos aquí, reunidos en esta habitación amplia, con sillones tan suaves como el terciopelo, esperando a que, a través de las delgadas cortinas, salga el primer rayo de sol.
Cuando caminamos, hombro con hombro, podemos distinguirnos entre nosotros pero a las demás miradas, a simple vista, somos iguales que todos. Cuando alguien logra ver nuestras magnitudes internas, logra ver la diferencia en nuestros seres.
¿Quiénes somos? Somos los otros, los diferentes, los raros. Somos los que sueñan despiertos, los que respiran sentimientos y exudan sensaciones; los escritores, pensadores y analistas; los hedonistas e inmaduros; los lingüistas y los matemáticos; los ingenieros y los científicos; los actuales y los anteriores; los frustrados de hoy y los fuertes de mañana.
Somos los otros, los llamados "raritos". Vemos la vida de las calles al amanecer y la tranquilidad del vacío de los caminos por la noche. Somos quienes tienen claras las fronteras de su mundo y sabemos que el nuestro no tiene frontera alguna. Nos miramos a los ojos y podemos revolver todo un universo con un movimiento ocular impreciso y natural. Volteamos los corazones, movemos las olas del mar y avivamos el fuego, cálido como los aires de primavera, helado como la nieve.

[La otredad, la heterogeneidad...la prueba más grande y el detalle más pequeño, cada lágrima que rueda por cada una de nuestras mejillas, cada sonrisa y cada gesto de indiferencia... Sí, somos los otros, los del arte, la ciencia y las letras; los empedernidos oniristas, siempre en sueño, siempre otros.]

lunes, 10 de mayo de 2010

Nostalgia adolescente

Beach House - Teen Dream
Sub Pop, 2010

Los sueños, los sentimientos, las vivencias... Todo ello nos marca en la adolescencia. Sin embargo, conforme vamos creciendo lo que sentimos, vivimos y soñamos va desvaneciéndose, aunque no falta quien nos recuerde el cúmulo de sensaciones adolescentes que una vez tuvimos. Beach House lo ha englobado en su tercera producción Teen Dream.
Si el dream pop trata de llevar a sus escuchas hacia lo más alto del cielo, Beach House rompe con el esquema. Este dueto sale de lo convencional del género y eleva a sus oyentes hacia las nubes por un momento. Al siguiente los baja hacia la tierra, haciéndolos pisar suelo firme.
Pasando de sonidos repetitivos a lo etéreo de la vida, el despegue de lo onírico y los recuerdos encapsulados en acordes volátiles, conectados uno con otro por la voz de Victoria Legrand, quien pasa del sentimiento nostálgico en bajos niveles al más alto dramatismo.
Comparado a sus entregas pasadas, este álbum es más colorido y brillante, aunque las letras son tristes y, en momentos, densas (al igual que en los trabajos anteriores). La música hace resaltar el sentimiento de Legrand, quien canta desde el fondo de su ser sobre las memorias, los sentimientos atorados y el olvido incompleto de sus relaciones. Pesado, sombrío y deliciosamente brillante, cansa y reaviva por igual.
Escuchar Teen Dream de principio a fin equivale a entrar a una gran habitación blanca, vacía, espaciosa, llena de luz; es como ver hacia el mar y el baile constante de las olas antes del amanecer, con reminiscencias de la oscuridad en la bóveda celeste.
Los gritos del inicio de la adolescencia empiezan con Zebra, después suena el intento por olvidar los momentos de una relación: Walk in the Park. La búsqueda de la identidad en Norway con el "latido de un corazón diminuto", lo que fue un día, eternos recuerdos en la voz de Legrand: Used to be; y las relaciones fallidas descritas desde la pesadez de un corazón herido todavía en 10 Mile Stereo y Real Love.
Si buscas un contraste entre la memoria y lo luminoso de los sintetizadores, las guitarras y los acordes repetitivos, cansancio y somero vuelo para salir de la pesada realidad por un instante sin perder del todo el suelo, Teen Dream es la mejor opción.

jueves, 6 de mayo de 2010

La vida en monocromo

Primera carta

Sentado desde la orilla de mi cama puedo ver, a través del ventanal, las calles de la ciudad. Ruido de bicicletas que pasan, los autos van circulando y la gente camina con rapidez. Me llevo las manos al rostro y lo cubro, cual si fuera pena hacia los demás...sin embargo estoy solo, entre cuatro paredes.
Describo esta escena, encerrado en mi cuarto, con un ventanal por el cual entra la luz del sol a mitad del día, por aquel donde puedo observar los acontecimientos suceder y las cosas pasar, es tan cotidiano...
Cíclico, todo va en círculos interminables. Salta de uno a otro, todos similares, con pequeñas variantes, casi imperceptibles. Círculos en escalas de grises. La vida en monocromo. Fotografías que van cayendo a mis pies, recuerdos que vienen y regresan constantes.
Hablo de lo que me rodea, soy testigo de la ausencia de las cosas en mi presencia, en mi figura humana, la cual se desdibuja lentamente, como si fuera diluyéndose en agua, decantándose y deshaciéndose en colores varios que acaban en intensa monocromía. Sustancia que cubre paredes, piso, los elementos del cuarto, la vida misma.
Rodeo de voces absurdas, no hacen sentido a la cercanía. A lo lejos se oyen como cantos. Hartazgo de la rutina de siempre, de los mismos sonidos de cuerdas vocales, de las melodías de todos los días. Frustración, un poco de coraje y desesperación.
De pronto se hace el silencio. Lo sonoro se ha reducido a una bicicleta que va, que viene, su campana sonante... Silencio y no más. Repito una y otra vez, la misma acción cual deja vu en vaivén...

[Repito una y otra vez: puedo intentar, todo es lo mismo, un círculo que lleva a ningún lado pero ahora estoy cansado. Sin rostro, sin miedo... Monocromos en cada día: paredes, pisos, ausencias, cuartos, vidas...]