Yo no sé cuando fue el momento exacto en que empecé a caminar, pero cada paso se convierte en parte de un discurso en el tiempo. Es un discurso cuya fuerza se va perdiendo conforme regreso sobre mis huellas y voy en retroceso. Aquí, pues, se reúnen muchas visiones y se proyectan como en pantalla cinematográfica.
Esas veces que caminé y construí un relato fueron las ocasiones en que medite sobre el sonido sordo de cada pisada, sobre los suelos que pisé, sobre las cosas que encontré. Cuando razono acerca de ello, me doy cuenta de que la realidad es una construcción total y enteramente ficticia: cada quien crea la suya o se apropia de alguna otra.
En mi realidad, sea compartida o no, los cielos están silentes y los árboles susurran. Todos van rápido y yo siempre voy distraido, sin embonar en los lugares vacíos. Los labios de las personas se mueven pero no escucho, la música se renueva día tras día y los rostros conocidos siempre se ocultan y se engañan a sí mismos bajo máscaras diferentes.
Siempre camino mal y no sé detenerme bien. Parece que voy errático. Hay una desconexión con la temperatura de mi cerebro y la del resto del cuerpo, lo cual parece sorprender a algunos conocidos. Mi voz no se escucha, no sé dónde la dejé y, para ser sinceros, no me interesa saber.
Los silencios son inmensos como el mar, los acordes parecen eternos y las letras son signos que tienen apariencia de herramientas. No me gustan las introducciones pero como narrador debo acostumbrarme a ellas y saber que uno puede valerse de su utilidad en cualquier momento. Así y sólo aquí se es capaz de dominar el tiempo de lo contado y el tiempo real en que sucede la vida.
miércoles, 30 de marzo de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
IV. De cuando cambié la página
Dark stuff.
Hemos caído en una tierra de nadie, en una gran planicie que parece no definirse y se deshace entre las ondas de calor y los ventarrones sin sentido. Es real: una vez, cuando se ha pisado ese territorio sin nombre, la tierra se convierte en un lugar conocido, el cual deja de tener sentido como tal.
En el caso particular del escritor de cada una de estas breves anotaciones, cuando cayó se volvió más errático que de costumbre. Nunca antes en su vida se había puesto a pensar en su andar disparejo y en sus pasos erráticos, en que las luces a su alrededor dejaban de tener significado a medida que la noche avanzaba. Era tarde y divagaba entre los árboles de un gran parque sin salida.
Aquel día, el escritor decidió dar vuelta a la página. Algo tan cotidiano se transformó en un acontecimiento decisivo para un cambio paulatino y del cual no se tenía respuesta coherente. Era una metamorfosis evidente dentro de una trama evidentemente plana, un cambio evidentemente revolucionario pero no evidentemente dramático, sólo altamente confuso.
Han llegado a la cabeza del escritor los tiempos revueltos, las acciones entretejidas y los narradores impolutos. Ha aprendido a diferenciar el aire de medianoche y el color de madrugada, el sabor del polvo y el gusto de la oscuridad. Ya no está dentro de los límites antiguos, ahora se suscribe entre fronteras más amplias. No es lo mismo el tiempo de la cosa-contada que el tiempo del relato.
Hemos caído en una tierra de nadie, en un lugar evidentemente despoblado y en una zona que no tiene nombre. Es cuando el escritor trata de amarrar sus agujetas y, al levantarse de golpe, encuentra que su cerebro sufre un derrame. Es aquí donde encuentra las cosas oscuras de las que todo mundo habla.
En el caso particular del escritor de cada una de estas breves anotaciones, cuando cayó se volvió más errático que de costumbre. Nunca antes en su vida se había puesto a pensar en su andar disparejo y en sus pasos erráticos, en que las luces a su alrededor dejaban de tener significado a medida que la noche avanzaba. Era tarde y divagaba entre los árboles de un gran parque sin salida.
Aquel día, el escritor decidió dar vuelta a la página. Algo tan cotidiano se transformó en un acontecimiento decisivo para un cambio paulatino y del cual no se tenía respuesta coherente. Era una metamorfosis evidente dentro de una trama evidentemente plana, un cambio evidentemente revolucionario pero no evidentemente dramático, sólo altamente confuso.
Han llegado a la cabeza del escritor los tiempos revueltos, las acciones entretejidas y los narradores impolutos. Ha aprendido a diferenciar el aire de medianoche y el color de madrugada, el sabor del polvo y el gusto de la oscuridad. Ya no está dentro de los límites antiguos, ahora se suscribe entre fronteras más amplias. No es lo mismo el tiempo de la cosa-contada que el tiempo del relato.
Hemos caído en una tierra de nadie, en un lugar evidentemente despoblado y en una zona que no tiene nombre. Es cuando el escritor trata de amarrar sus agujetas y, al levantarse de golpe, encuentra que su cerebro sufre un derrame. Es aquí donde encuentra las cosas oscuras de las que todo mundo habla.
viernes, 11 de marzo de 2011
Flotando
"Home is where the heart is but your heart had to roam, drifting over bridges, never to return."
La radio suena con lo de costumbre. Las cartas vuelan por todo el cuarto con el aire que entra por la ventana. Da lo mismo, no hay nadie para recogerlas. Salí de casa y dejé la música correr, las cartas sobre la mesa, el desayuno empolvado, el corazón remojado en alcohol.
Aunque el sol pega de golpe y proyecta la sombra de todo objeto a su paso, el aire sopla frío. El clima tiene una crisis de identidad que se desencadena en los movimientos de lo inerte. Parado sobre los puentes vacíos, luces apagadas, me dejo llevar por la cotidianidad que arrastra a los demás.
Las personas caminan, separándose de las islas. Solitarias, vagan por el mundo mientras ven todo quemarse entre bolas de fuego. Esperan admirar la decadencia mientras la gente tiene que seguir caminando.
En bajas frecuencias, sobre el piso, en un vaso con alcohol dejé el corazón a remojo tendido. Al mismo tiempo las ramas se arrastran sobre los ejes de los puentes. La mañana sigue corriendo, las manecillas del reloj avanzan sin tregua, los amantes se separan y la banca del parque se rompe en dos.
El escritor sigue poniendo letras para alcanzar a los desconocidos que, si bien sabe nunca llegará a tocar, no deja su labor. El café se enfrió, el pan se llenó de polvo, la mesa refleja el golpe solar de lleno sobre el cristal de la ventana.
Pensamos que no iba a pasar pero llegó el día. Se abrió el camino por el cual querías ir (y allá te fuiste). Cavando hoyos en los jardines y sacando todo. Metiéndose en los hoyos para refrescar la piel en tierra mojada. Los vasos se rompieron, la radio seguía a todo volumen. Lo siento pero has estado flotando sobre los puentes por un largo tiempo.
Aunque el sol pega de golpe y proyecta la sombra de todo objeto a su paso, el aire sopla frío. El clima tiene una crisis de identidad que se desencadena en los movimientos de lo inerte. Parado sobre los puentes vacíos, luces apagadas, me dejo llevar por la cotidianidad que arrastra a los demás.
Las personas caminan, separándose de las islas. Solitarias, vagan por el mundo mientras ven todo quemarse entre bolas de fuego. Esperan admirar la decadencia mientras la gente tiene que seguir caminando.
En bajas frecuencias, sobre el piso, en un vaso con alcohol dejé el corazón a remojo tendido. Al mismo tiempo las ramas se arrastran sobre los ejes de los puentes. La mañana sigue corriendo, las manecillas del reloj avanzan sin tregua, los amantes se separan y la banca del parque se rompe en dos.
El escritor sigue poniendo letras para alcanzar a los desconocidos que, si bien sabe nunca llegará a tocar, no deja su labor. El café se enfrió, el pan se llenó de polvo, la mesa refleja el golpe solar de lleno sobre el cristal de la ventana.
Pensamos que no iba a pasar pero llegó el día. Se abrió el camino por el cual querías ir (y allá te fuiste). Cavando hoyos en los jardines y sacando todo. Metiéndose en los hoyos para refrescar la piel en tierra mojada. Los vasos se rompieron, la radio seguía a todo volumen. Lo siento pero has estado flotando sobre los puentes por un largo tiempo.
domingo, 6 de marzo de 2011
Fragmentos
La ciudad se proyecta en una larga secuencia, en blanco y negro. Lo demás surge de una repetición constante a la cual se le suele llamar rutina. El sol a media luz. La gran urbe tiene demasiados espacios para ser captados por un solo lente.
He alcanzado el límite, los indefinidos bordes de un lugar de magnitudes impensables. Al fondo sólo hay música en mezcla constante, sonido sobre sonido, capa con otra. Las nubes grises van cerrándole el paso a la cansada y mortecina luz. El olor de las fábricas, el pasar de los autos que no se detienen, los ríos de personas.
He llegado al límite, allá donde el mundo se parte en varios fragmentos, donde el aire enrarecido lleva la pesada carga de un luto que viene sobre los hombros y descansa sobre las orejas. Aquel límite que no pensé tocar es ahora más real, sobre todo al contacto con la piel ajena. Un par de líneas bien definidas y de siluetas ausentes hacen más palpable todo el vapor negro de media tarde.
Es un solo tiempo, son muchos espacios a la vez. La mirada se pierde y se confunde, la mente se dispersa en el suelo. El aire se hace más denso. Cuando el tiempo cambia, me pierdo en las luces de toda la ciudad, en una transparencia a color, con el aire más limpio y más filtrado, apto para la volatilidad de mis pensamientos. Sigo en el límite, al borde de la ciudad, de las luminosas casas, de tu cuerpo ausente en la lluvia fina. La imagen se disuelve en un charco y se funde en negro.
He alcanzado el límite, los indefinidos bordes de un lugar de magnitudes impensables. Al fondo sólo hay música en mezcla constante, sonido sobre sonido, capa con otra. Las nubes grises van cerrándole el paso a la cansada y mortecina luz. El olor de las fábricas, el pasar de los autos que no se detienen, los ríos de personas.
He llegado al límite, allá donde el mundo se parte en varios fragmentos, donde el aire enrarecido lleva la pesada carga de un luto que viene sobre los hombros y descansa sobre las orejas. Aquel límite que no pensé tocar es ahora más real, sobre todo al contacto con la piel ajena. Un par de líneas bien definidas y de siluetas ausentes hacen más palpable todo el vapor negro de media tarde.
Es un solo tiempo, son muchos espacios a la vez. La mirada se pierde y se confunde, la mente se dispersa en el suelo. El aire se hace más denso. Cuando el tiempo cambia, me pierdo en las luces de toda la ciudad, en una transparencia a color, con el aire más limpio y más filtrado, apto para la volatilidad de mis pensamientos. Sigo en el límite, al borde de la ciudad, de las luminosas casas, de tu cuerpo ausente en la lluvia fina. La imagen se disuelve en un charco y se funde en negro.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)