domingo, 24 de abril de 2011

Explotando

Las cosas explotan. Todos los días, a determinadas horas, explotan. Las almas perciben las explosiones y los cuerpos las dejan pasar. Los tiempos se hacen raros, adelgazan como el aire en época de calor. Cada cosa absorbe mucho y saca poco en gotas de sudor, resumidas a frentes saladas y esquinas calientes.
Las personas entienden, comprenden sólo pocas cosas del mundo. Hablan de todo y alcanzan pedazos de luz fragmentados en cristales. Cada trozo es como un grano de arena. Ese diminuto grano es la porción de entendimiento de una persona. En la vida siempre hay quien decide trabajar esa pequeña parte y agrandarla.
La lengua cambia. Me doy cuenta tarde. Comprendo una parte, la demás se va. Así está incompleto el círculo. Sé cómo debe completarse, sólo a medias. Es un ciclo repetitivo, una pesada cortina de humo. Nos cubre los cráneos. Escribimos y comprendemos. Se hace lo que se puede, a medias. Es cuestión de sacar el gris y traer una gama de colores.
El amor cambia. Mueve a las personas y al mundo en general. Se dice que es el amor por lo que uno se levanta día a día. Se escribe, se entiende, se expresa: su tinta se desvanece, se pierde. El corazón explota, el calor sube, las personas entienden, los periodistas escriben, la gente cambia, la lengua evoluciona (según).
Yo sé que sólo sé todo lo que me es fútil, fugaz. Yo sé que debería saber lo que me sirva. Yo sé que puede cambiar. Perdí el grano de arena. Voy a buscarlo mientras hierve el agua, mientras cantan los pájaros, mientras el aire mueve las ramas, mientras hablas sensatamente de lo baladí. El mundo explota, día tras día.

miércoles, 20 de abril de 2011

Entre los edificios

A los edificios, los grandes gigantes,

allende los montes del asfalto,

se le ve ante los automóviles.

Bajo los zapatos resuenan sus pisadas,

el semáforo cabe las luces mortecinas,

rezaba como fiel creyente,

con el humo encima la cara.

Sangre contra el pecho, contra el suelo.

Las cruces de fuego cubrieron la calle.

Le abarcaron desde el rostro,

en los ojos se absorbieron,

entre sus labios se consumieron,

excepto en las comisuras,

bajó hacia su abdomen,

le llegó hasta el último dedo.

Mediante esfuerzos se levantó

para encontrar que no se sostendría,

por más que trató,

según el niño de cabellos negros,

sin sentido daba pasos en círculo.

No se sostuvo y cayó so la manta,

sobre el suelo que colchón se hizo,

colchón que reventó tras las plumas.

martes, 19 de abril de 2011

Ella

Yo no sé qué se busca cuando no se busca nada. Tampoco entiendo las veces que los girasoles dan la vuelta de frente al sol. Llenos de arena en el cerebro y de suciedad en la piel, los hombres van caminando. Caminan sobre los rieles, los mismos sobre los que yo ando diario. Sigo viendo a los girasoles voltear, como si fuera el ideario de un eterno retorno plasmado en amarillo brillante.
Ella, aparece simple sobre los rieles, donde todos nos paramos cada día. Parece sencilla, distante y soñadora. Ella, hoy se sube al mismo tren y va. Ella, la que deja ver una pequeña pizca de su esencia, se funde en negro y se corta entre dos puertas.
Al principio pensé que no volvería a verle, que pasaría como un personaje curioso en un día soleado y se fundiría en la masa de mis pensamientos, pero con el paso de los días sobre los rieles, regresó a mi encuentro.
Ella, vestida de un pedazo de primavera, se hunde en el océano de sus audífonos, en la música que es etérea. Ella saca un libro y pasa cada página sin detenerse. Ella ve por la ventana, mientras escurren las gotas de lluvia. Ella va sola, ella regresa acompañada. Ella viene con alguien, ella retorna sola.
Ella viste de un color hoy, ella mañana trae un pequeño manto de oscuridad. Ella carga hoy un paraguas, ella usa sandalias mañana. Ella no sabe a dónde irá hoy, ella va mañana a clases. Ella siempre sale, todos los días, los mismos que yo salgo.
Los días pasan y ella sale. No sé a donde va ni de donde viene. Camina una vez y a la siguiente corre. Un momento observa a la gente y al posterior se interna en sus pensamientos. Ella se pone los audífonos. Ella viaja y cruza la ciudad. Ella no sonríe, ella no gesticula, ella es siempre seria.
Ella sueña, logro notarlo en sus ojos. Ella sueña y sueña, ella se encierra en un mundo constante y seguro. Ella piensa y se aleja del mundo. Ella llora por dentro y no da señales por fuera. Ella es de piedra y hielo. Ella sueña.
Yo no sé qué se busca cuando no se busca nada. Tampoco sé qué se encuentra cuando no se busca nada. Yo pienso que ella sueña con los días de la primavera que viste; de la primavera, allá por los días que rondaban el 15 de agosto, cuando iba yo soñando con las bombas que caían sobre los corazones de la ciudad.

viernes, 15 de abril de 2011

Instrucciones para escuchar música

Es una de las actividades más comunes y normales. Diariamente se entra en contacto con la música y con muchas de las emociones que causa el choque de las ondas plásticas con el cuerpo en su totalidad. Sin embargo, la apreciación de la música es un arte que debe ser cultivado con especial cuidado.
Para poder apreciar la música en todo su esplendor es necesario, primeramente, tener a la mano las canciones preferidas, sean del género que usted más escuche. Después debe situarse en un lugar despejado, bien ventilado y cómodo. Estas son las condiciones primarias, las que cualquier tipo musical requiere.
Luego vienen los requisitos especiales de cada género, por ejemplo, la música instrumental es mejor en salones amplios, llenos de luces. La cumbia y las canciones diseñadas para bailar son excelentes en las pistas, mientras uno puede sentir el movimiento impulsivo de las personas. La música clásica es para las ocasiones especiales, los recitales y los exteriores delicados, bajo el sol. El rock depende de su faceta, pero, en general, necesita un sillón o silla cómodos y un objeto de placer que acompañe a la música, entre los cuales pueden contarse los cigarros, drogas controladas, comida o simplemente una persona especial.
Si la música es etérea u oscura, lo mejor es estar en soledad. El refugio puede encontrarse en un cuarto bien acondicionado y en un sillón o cama, en el cual uno pueda hundirse, como se haría en una tina llena de agua y de pensamientos. Por el contrario, ante la claridad de los acordes es una buena opción la caminata, entre los árboles o el cielo a media luz.
Recuerde, la música está diseñada para su disfrute y goce, ya sea estático o en movimiento. Si su personalidad le condiciona a moverse, siéntase libre de hacerlo. Si usted es más introspectivo, le funcionará más estar en un lugar tranquilo. De cualquier forma, ponga atención a lo que escucha y reflexione sobre su sentir mientras van pasando las canciones. La música expresa mucho de la forma de pensar y ver el mundo.
No se olvide de corear sus melodías favoritas. Esto puede incrementar el sentimiento en turno y hacer que llegue usted a los estados de éxtasis o llanto incontrolable. Tenga cuidado con el canto en lugares públicos. Puede recibir miradas de desagrado o molestia de la gente e incomodarse fácilmente.
La música alimenta al alma, al igual que otros artes. Sea del tipo que sea, aprecie la música y haga lo que salga de su corazón. Disfrute cada segundo de una canción como si fuera la primera vez que escucha la melodía. Los demás pensamientos, aquellos sobre la vida cotidiana, pasarán a ser nimiedades mientras usted esté con las notas en los oídos.
Al finalizar su sesión de escuchar música, puede regresar a sus actividades normales. Encienda nuevamente su cotidianidad y ponga a trabajar el cerebro. En muchas ocasiones, la música le ayudará a recobrar el sentido perdido y volver a encarrillarse en el camino.

miércoles, 13 de abril de 2011

Plumas

El aire corre fuerte. Hace frío en el calor del sol. Si pones atención, lograrás escuchar el llanto, muy bajo. Soy el único que lo oye, de entre las ramas viene, de entre los brazos de un rostro conocido, colgado en una pared.
El cielo está herido. Hay un gran hoyo en la superficie de las nubes grisáceas, pálidas. Es cuando el sonido, el sollozar, muestra su vestimenta convertida en plumas pegajosas, en cantos ajenos y lejanos.
Las plumas se transforman en dedos de cristal, que se rompen al caer de la medianoche. Escucha cómo se quiebran en pedacitos. El llanto sigue en el fondo del bosque, en las hojas. Concentra tu atención, pero no es de medianoche. El cristal se fragmenta.
El amor no tiene color en sí, hoy se le ve marrón y mañana ya es invisible. Se pierde entre los pasos, en el cerrado follaje, entre los brillos rotos, bajo el sol frío. Su vestir se muestra y, al paso de su despliegue, el día se transforma en noche.
La luna es el amor en forma de foco, el cielo es el regazo del amor. El río es el espejo en el cual se refleja todas las noches y, entonces, pierde color, como los troncos se oscurecen. Las plumas se las llevó el viento.
Silencio. Escucha las pisadas, como se alejan lentamente...

miércoles, 6 de abril de 2011

Disertación sobre la oscuridad

¿Has sentido alguna vez, en lo más profundo del ser, cómo raya la oscuridad tu piel y deja huecos en ella? Es en ese instante, cuando los vacíos atrás dejados se rellenan de grandes silencios y pausas que se avecinan infinitas.
Yo no sé de que va la oscuridad ni entiendo la magnitud de las zonas calladas. Sólo comprendo que su inmensidad rebasa el tamaño del océano y se desborda por las esquinas de un par de ojos llorosos.
He sentido al aire, libremente yendo de aquí a allá, desgarrando las células y llegando a las entrañas. He visto cómo los huecos se llenan de oscuridad y los huesos se tornan sepia. Los días son mecánicamente absurdos.
El silencio es grande, aguardo por un milagro, uno que no llega. Pasan los caminantes, pasan los zapatos, viene una lluvia de imágenes y la gente corre a refugiarse. Lo demás es totalmente indiferente.
¿Has sentido alguna vez, en lo más hondo de tu pecho, cómo el vacío se apodera de tu voz? Es que ya no te escucho. Es que tú ya no me escuchas. En ese espacio negro y sordo, en aquel breve momento, se rompe el vaso, se fragmenta en cristales.
Los cristales te cortaron las cuerdas. Las cuerdas sostenían tu corazón. El corazón ya se había podrido en la basura. La basura se la llevó el vagabundo. El vagabundo encontró un tesoro. El tesoro fue tirado en la oscuridad. La oscuridad se comió tu resto.