Los árboles frondosos se han quedado así desde la primavera. El sol brilla en lo alto de la bóveda celeste y el calor se debate a duelo constante con la brisa de la lluvia. Colores brillantes y combinaciones con la opacidad del preludio al otoño: verano.
Las personas salen a las calles enfundadas en colores diversos y fuertes. Saturación de primarios y secundarios que representan la alegría de la mitad del año en las lejanías nórdicas del Ecuador. Nubes blancas y grisáceas en conjunción con el cielo azul. El espacio se extiende y las gotas de sudor escurren en las pálidas frentes.
Relajación, descanso, veraneo... Los amores primaverales han cedido a las partículas de agua, los calores extremos se reblandecen ante los aires frescos de los días grises. Momento para hacer un receso breve, una reflexión emocional a través de las sensaciones y las constelaciones climáticas. Las estrellas se esconden y revolotean en la noche, el sol se quema en luminosidad, el cielo es más azul y las nubes son más espesas y grandes.
Las historias se reescriben en hojas de seda, las tintas vienen de la emoción, la novedad vuelve a crearse... Los cuerpos calurosos se funden en agua fresca, las risas explotan al sabor de fruta, los matices se estrellan contra las paredes en variantes de gran brillo.
Las almas buscan diversión sin importar el descanso, los sonidos más fuertes y menos profundos, la mente se despeja... Las cabezas se hunden en hielo, el pavimento refleja las ondas de calor y se escurre con el agua de lluvia...
[Las mañanas azules, los días despejados, los aires breves... Es tiempo de verano, es momento de color, es olor a fresco y un paso previo al crujir de las ramas sacudidas por los vientos que derrumban las hojas de los árboles...]
No hay comentarios:
Publicar un comentario