Ojos bien abiertos, visores del entorno en sus distintas categorías. Ojos, viajeros del planeta entero, de sus formas y sus colores. Desde los enteros extractos del espacio sideral y sus constelaciones hasta los pies sobre los húmedos pastos de lugares desconocidos.
Los escritores describen los cuerpos humanos, las siluetas como las musas del Olimpo, con movimientos gráciles. La poesía de la Tierra se suscribe a la geografía, la ciencia que toma las letras y los lápices para dibujar las diversas visiones de sus intrincadas líneas y todas las descripciones posibles.
Los ríos corren salvajes. Las hojas de los árboles se mueven a corta velocidad. Los ecosistemas van de poco a poco, perviven hasta el fin de los tiempos. Desde la calidez de los trópicos hasta los fríos vientos de los polos y la neutralidad de los bosques templados.
Hoy llueve. Ayer hacía sol. Mañana no sé. Los verdores se hacen incandescentes bajo los reflejos de luz, los mares luchan contra las arenas en las noches, y las montañas son silentes observadoras de los acontecimientos de los hombres.
De una sola mirada los geógrafos explican la conjugación de las fisonomías y sus políticas, los sistemas naturales y las regiones específicas de cada uno. Es una retórica compleja y completa que abarca al entorno del hombre desde otras visiones.
Fronteras, horizontes, flora y fauna. Localizar y ubicar los puntos de las letras. Sentir las vibraciones climáticas como las emociones de los días de verano. Trazos de interminables rutas, dentro y fuera del planeta; para hoy, mañana y siempre.
[La cartografía de las poesías del hombre está en la geografía de su mente. Sentados en distantes bancas, parados sobre las duelas del mundo, las vías de la vida las recorren dentro de ferrocarriles. Orografía e hidrografía de las sensaciones humanas.]
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