Si yo escribiera acerca de todas las explosiones internas que ocurren a diario, dentro de este insano lugar, probablemente ya hubiera hecho explotar el monitor. No importa. De todos modos pocos logran entender la profundidad de algunos tiempos y cadenas de enunciados puestos aquí. Sin embargo, algo debo decir: aquí todo se trata de una escritura especial, una hecha con doble cara y una función rara.
Todo escrito se procesa en una especie de gran máquina, una burda mofa a todo lo que se conforma en letras de otros lugares. Después vienen algunos ingredientes que le dan sazón y, por último, se mantiene fresco y con ganas de ser ávidamente consumido.
Pero en tiempos más recientes, suelo dividir en dos columnas todo lo pensado, pasarlo por imagen y sonido, darle una capa de fijador y ponerlo a secar. El cerebro explota rápido y, de no ser aprovechado, puede salpicar la pantalla y llenarla de colores neutros.
Tengo un problema: las letras me salen raras, me quedan chuecas, me gustan más y me son menos asequibles. Estoy rodeado de un boicot que escribe en primera persona, actúa en segunda y piensa en tercera. Yo no comprendo, yo no entiendo, yo no pretendo explicar. Tú eres, tú haces, tú te vas. Él se larga, él se desvanece, él no importa.
Por algo, la oración en desorden es más accesible a un interés desmedido por no decir absolutamente nada. Yo quiero la sangre ver, yo deseo los labios tocar, yo tengo mis manos que enfriar, yo quiero no contigo estar, yo sé que no por ti es, yo debo especial escribir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario