sábado, 21 de mayo de 2011

(Breve) colapso de un sueño

Yo no sé de qué se componen estas historias raras, ceñidas al interior de otras historias de corte más amplio y vago. Yo sólo puedo hablar de los particulares sucesos de cuando estábamos sumidos en una especie de letargo, una breve narcolepsia.
Eran largas y lentas secuencias, en blanco y negro. Un candil elegante que decoraba el techo de la recámara principal. Un palacio grandísimo, lujoso, enteramente tuyo y mío. Eran sueños lejanos, retratos en marcos oxidados, fotografías avejentadas. Recuerdo las paredes, lisas y frías. Me gustaba pasar las manos sobre ellas, una y otra vez, al mismo tiempo que recorría cada sala.
Sentado ante el espejo te mirabas, perdido en un reflejo que era igual al de hace mucho, igual, como si nunca te hubiera dejado. No has cambiado. Sigues cubierto por esos gruesos lentes y ese campo oscuro, cubierta de tu rostro. Tú, en traje tan perfecto y sofisticado, tan bello. No has cambiado, pero ahora no sabes quien soy.
Vueltas infinitas en ese palacio, lleno de salones repletos de muebles finos. Sigo tocando las paredes y te veo lejano, con la mirada perdida. El aire se inunda de tu perfume, el único que me recuerda sólo a ti. La forma de parecer interesante, la manera de observar que no era yo. ¿Acaso no tienes memoria?
Eras tú, en el gran jardín, a pleno rayo de sol. Recargado sobre el balcón, casi etéreo. Los invitados nos rodeaban con sus inquisidores ojos y la fiesta se convirtió en un sórdido circo de desastre. Sin aquellas miradas sin percatarnos de su existencia pasaron milenios mientras esperaba por ti. Hay que recordar que ese circo debe seguir.
El baile en el salón principal, mientras todos seguían la música, la copa de vino espumoso se resbalaba de tus manos. En cámara lenta, colapsó contra el piso; el líquido derramado, el cristal deshecho, el amor desvanecido. Fuera de contexto el uno del otro, fuera de tiempo y secuencia.
Tu cara se hace miedo y horror en extraña combinación. Corres por los pasillos, buscando algo que sabes no es tuyo. Encerrado en el propio palacio de tu mente, vagas por los cuartos de frágil vidrio. Es una breve etapa, un fugaz instante, un obstáculo mental que ha ido más allá de los límites de nosotros mismos. Te has metido en otros recovecos.
Es un momento en el cual impactamos de golpe contra el suelo. Nos hemos fracturado pero lograremos superarlo. Mientras tanto, tu rostro continúa infundiendo terror y yo sigo caminando sin rumbo, tocando las paredes, las mismas paredes...

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