miércoles, 31 de agosto de 2011

El vacío

Más de la mitad de lo que diga, probablemente, no tenga sentido alguno
[sólo lo digo para intentar alcanzar una silueta fundida en la oscuridad].

Un breve instante y el vacío se convierte en un magneto, el cual atrae al cuerpo con gran fuerza. Así, después, con una sutil chispa de color, el cuerpo se viene abajo y es absorbido por el vacío que está ante sus pies.
Dentro de ese hoyo (que representa la negritud del gran vacío) hay alguien, una entidad que escribe una historia, la pone dentro de un libro en blanco y lo lanza fuera del hoyo.
Otro alguien encuentra este libro y lo lee, dando vida a toda la complejidad de ese entramado, de todas esas letras con sus espacios, de las pausas y sus causas, no hay más que decir.
Pero esto no quiere decir nada, el caso es que yo quería contar muchas cosas al mismo tiempo y no pude: un orden fue necesario para poder relatar algo, una cosa a su momento, hasta llenar muchas páginas. Las restantes, arrancarlas para hacer con ellas barcos de papel.
Me da lo mismo, de todos modos nadie escribe para no ser leido y nadie lee sin esperar un escritor detrás.

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