Las mismas letras, pegadas a su piel por largo tiempo, como la espina en su costado. Escondido tras un imperioso deseo, ahora innecesario, hace de tripas corazón al tiempo que continúa caminando por las calles de la ciudad.
Pero, ¿qué es la espina? Un simple lastre atorado en un lado, falta de respiro completo y hundimiento leve sobre un colchón con olor a adicción. Insano, entre la decadencia y la cordura, contiene el llanto, con sus libros tirados en un charco y los gritos reprimidos.
Después duerme y, a la mañana siguiente, todo vuelve a comenzar, en el preámbulo de una repetición. Espera él que no sea infinita.
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