sábado, 9 de julio de 2011

Breve descripción del señor J.

El señor J., es un extraño caso, pero no como el señor Valdemar. Es un ente con una rareza que, hasta hoy día, no logro comprender. Siempre está sumido en un mundo alterno, entre miles de papeles sobre los cuales traza imágenes discordes y rotas. Mi mente logra comprenderlas hasta un cierto punto.
Tiene una gracia ágil y útil en situaciones adversas pero no tiene tacto. Sufre de severos traumas y otras observaciones, aunque eso casi no importó. Realmente conozco poco bien al señor J. Así también puedo ver su ávido consumo de lecturas aquí vertidas. Es un buen comentador y defensor férreo de sus puntos de vista.
Me gusta verle dibujar bajo las sombras de la lluvia y el humo del cigarro. El señor J., fuma como locomotora, parte de un proceso de adicción del cual no se renuncia fácilmente. En todas las ocasiones, vestía pantalón corto, a pesar de su intenso gusto por la ropa invernal. De sabores nunca supe y menos de otras aficiones, sólo de algunos secretos.
El señor J., es incapaz de terminar un proyecto, lo cual me molesta. Sin embargo, no lo culpo; es de gran dificultad acabar –o por lo menos llegar a un punto álgido en un trabajo– cuando se tiene una maraña de ratones en la cabeza.
Un buen día, este señor fue a dar una vuelta a la ciudad y no regresó por aquí. Probablemente se haya molestado sin querer. Lo único que puedo hacer es continuar en este remolino de escritura y esperar. Quizá alguno de estos documentos sea parte de los sueños que traza en sus hojas de diseño, en tintas especiales y colores sobrios.

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