Tiene una gracia ágil y útil en situaciones adversas pero no tiene tacto. Sufre de severos traumas y otras observaciones, aunque eso casi no importó. Realmente conozco poco bien al señor J. Así también puedo ver su ávido consumo de lecturas aquí vertidas. Es un buen comentador y defensor férreo de sus puntos de vista.
Me gusta verle dibujar bajo las sombras de la lluvia y el humo del cigarro. El señor J., fuma como locomotora, parte de un proceso de adicción del cual no se renuncia fácilmente. En todas las ocasiones, vestía pantalón corto, a pesar de su intenso gusto por la ropa invernal. De sabores nunca supe y menos de otras aficiones, sólo de algunos secretos.
El señor J., es incapaz de terminar un proyecto, lo cual me molesta. Sin embargo, no lo culpo; es de gran dificultad acabar –o por lo menos llegar a un punto álgido en un trabajo– cuando se tiene una maraña de ratones en la cabeza.
Un buen día, este señor fue a dar una vuelta a la ciudad y no regresó por aquí. Probablemente se haya molestado sin querer. Lo único que puedo hacer es continuar en este remolino de escritura y esperar. Quizá alguno de estos documentos sea parte de los sueños que traza en sus hojas de diseño, en tintas especiales y colores sobrios.
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