domingo, 11 de abril de 2010

La boca de lobo en la del Mar

De las pequeñas luces citadinas, las que alumbran los hogares y los automóviles circulando, se hizo la oscuridad por un momento. Las calles parecían boca de lobo y el recorrido se tornó especial al ver la magnitud de la colonia.
Eran alrededor de las 10 de la noche y la avenida Tláhuac, en uno de sus tramos, se llenó de negro con diminutas luces rojas y blancas. Las obras del metro permanecían entre polvo oscuro y los caminantes sólo sentían la tierra sobre las banquetas, además de escuchar en el silencio sus pasos.
El microbús iba pasando por la colonia del Mar. Sus pasajeros volteaban por las ventanas, mirando las calles llenas de negrura, las cuales fueron aumentando en número conforme el chofer sorteaba con pericia las esquinas.
De las casas y las tiendas sólo surgían mortecinas luces de velas, como los focos de aquel transporte. Reflejos de las ventanas, los rostros de las personas, algunos dormidos, otros abstraídos en la oscuridad del sector, unos cuantos con audífonos, sumergidos en la música, los pensamientos o los viajes a otras dimensiones por medio de acordes.
Voces entrecortadas a lo lejos, los que descienden del microbús y caminan entre los postes de luz, ahora ausente y lejana. Las travesías no terminan. El mundo continúa con sus actividades sin importar la falta de electricidad.
Una muchacha, parada en el balcón de su casa; un par de señoras entran a la panadería oscura; dos jóvenes corren por las calles, sin rumbo; ruido de autos y transeúntes; un muchacho en una puerta, viendo la vida pasar. Sin luz se reflexiona tanto en el artificio del hombre.

1 comentario:

  1. Bella reflexión.

    Justo antes de llegar a casa -tu casa, lo sabes- estaba pensando en algo parecido... siempre le tememos a la oscuridad, alumbramos todo para que nos dé confianza. Le rehuimos a la oscuridad por temor a saber y conocer lo desconocido de esa densa nube negra...

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