sábado, 10 de abril de 2010

Crónica de una convulsión

¡Tumulto, tumulto! Mientras el señor del primer puesto de dulces avienta las monedas contra la mesa de plástico blanco y su resonar es tan cotidiano, al igual que los comensales de enchiladas y tacos y los clientes del otro puesto de dulces, todos voltean su mirada al desmayado a mitad de explanada, frente a la entrada de la biblioteca.
¿Qué pudo haber sido la causa de que ahora esté tirado en el suelo? Hay una rueda de personas a su alrededor, mirándolo, y unas más apoyan sus rodillas en el piso y lo auxilian. No se hacen esperar los mirones lejanos, quienes están a metros de la valla humana, observando impacientes y ansiosos por saber de aquel acontecimiento.
El muchacho ahora se encuentra acostado sobre una mochila, que sirve como almohada, la agitación de su cuerpo se calma un poco y ahora tiene, al parecer, dos dedos en su boca. Su convulsión sigue haciéndose presente, mientras otro corre desesperado por ayuda médica.
Todas las personas miran cual si fuere un espectáculo de circo, aunque es un hecho que transporta a la real fragilidad del humano. No es cuestión de entretenimiento ni de morbo, sólo es el pensamiento sobre la temporalidad del cuerpo y su desgaste.
Alrededor de cinco minutos después, las personas comenzaron a dispersarse hacia distintos lugares: la cafetería, los salones de clase, las jardineras... Las seis de la tarde ya habían dado y el movimiento en la explanada empezaba a menguar, sólo aquel colectivo quedóse ahí, esperando algún doctor. Aguardar fue eterno ese viernes...

1 comentario:

  1. Sinceramente... creo que no es morbo ni curiosidad sino la ineptitud de las autoridades en la Facultad.
    El pobre hombre estaba tirado ahí sin más ni más, frágil y pues jugándosela que es lo más peligroso.
    Alguna vez me pasó ver algo parecido y mira que ese fue un mal, pero mal día.
    Cuando el joven se levantó del piso pude visualisar que era alguien que me gustaba hace algún tiempo, por moral no puedo utilizar esto como un gancho...

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