domingo, 4 de abril de 2010

La utopía de la tranquilidad

Ciudad de México. 3 de abril de 2010. Sábado de gloria.

Son alrededor de las 10 hrs., viendo a través de las ventanas del microbús. La cita es allá por mediodía, cuando el sol alcanza el punto más alto. Pero eso no es relevante, no. Lo has visto en la televisión ya que has pasado toda la semana santa en casa, descansando y sin preocupaciones.
Es una realidad que sucede pocas veces en un año, cuando es el tiempo de reflexionar sobre lo hecho en todo este tiempo. La religión es algo de lo que no soy partidario.
Sin embargo, voltea a ver las calles y avenidas. La ciudad se ha convertido en un gran parque gris, inundado de sol y, a ratos, por nubes que cubren su áureo rostro. Los carros se hacen menos, las personas caminan con libertad y se puede correr y respirar. El aire viciado se ha esfumado.
Mientras unos sufren otros festejan el descanso. Algunos reflexionan y otros sólo viven. El ambiente es pesado pero disfrutable. La ciudad se ha vaciado y así ha permanecido por una semana. No, no ha sucedido catástrofe ni guerra alguna, sólo se ha ido la gente a otros lugares.
Parece una utopía, un sueño hecho realidad, una realidad vivida cada año, cuando miles de citadinos se alejan de la selva de asfalto para llegar a otros lugares. Es tan silencioso, tranquilo y vacío. Las almas reposan en calma. Los paseantes se esparcen mejor. Ahora es belleza, increíble, algo nunca visto en lo restante de los meses.
Como siempre, calcula mal los tiempos y llega antes o después, el caso es que siempre le toca esperar en los puntos de reunión, ahora más vacíos que de costumbre. El tiempo pasa tan lento...

2 comentarios:

  1. Y yo encerrada en casa!!!! la vdd es genial disfrutar de esa tranquilidad que se genera en vacaciones o en su caso cuando aparece la famosa influenza, es tan placentero recorrer las calles vacias, ir comodo en el transporte publico, además de poder apreciar los paisajes urbanos que tienen su belleza cuando la contaminación se disipa, lastima que me perdi de todo eso, solo una semana de vacaciones es un insulto

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  2. Mientras miraba el televisor me pregunté: ¿dónde estará esa persona? ¿Cuántos años tendrá? ¿Qué hará de su vida? ¿Será guapo? ¿Será bueno? ¿Tendrá un perro o hermanos?...
    Y miré a mi lado y el no estaba porque se sintio ajeno a mí.
    Entonces me vestí y salí a caminar y no encontré ningún fractal en ninguna mirada. Me regrese y prendí el televisor, miré a un lado y el estaba dormido.

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