Cinco minutos después, la música se detuvo de golpe y las pantallas comenzaron a dar una imagen. La "P" marcaba el final de una larga deuda y el inicio del evento, ahora histórico, en el Festival Corona Capital. Al oír una voz en portugués, empezó la presentación de los originarios de Bristol, aquellos que habían sido aguardados durante muchos años, los que construyen mundos de nubes negras y perlas grises sobre sintetizadores, sampleos y una voz desesperada: Portishead.
"Silence" marcó la pauta de la emoción, que hizo vibrar a todos los asistentes, quienes gritaban por la agrupación. Al momento de "Nylon Smile", el público estaba a la expectativa de golpes más intensos. No fue necesario esperar, "Mysterons" envolvía a la audiencia con toda su magia y tristeza, mientras se escuchaba al unísono: "all for nothing, did you really want?".
En una pausa fugaz, Beth Gibbons agradece al público. Su voz se escucha débil, tímida, frágil, al igual que su apariencia física, su delgadez.
Para "The Rip", las voces seguían la canción, el ambiente lleno de luces y colores, tranquilidad. Mientras la atmósfera parecía un sueño, el cual fue haciéndose más amargo al sonar "Sour Times", canción que levantó las voces de todos los presentes.
El aire parecía enrarecerse cada vez más, la música era la droga. "Magic Doors" preparó el terreno, con una potente mezcla de trompetas sintetizadas. El cielo se había despejado, las estrellas eran visibles en la bóveda celeste. Sonaron los primeros acordes de la desesperada errante, "Wandering Star". El sueño era una realidad ahora, el momento más etéreo de la noche, sucedido por la fuerza —casi demente— de la caja de sonidos y la repetición de las balas de "Machine Gun".
Hubo un breve silencio. Los murmullos se esparcían como la noche misma. Al momento de encender un cigarro, inició el sonido de una guitarra, olvidada, al tiempo de las primeras líneas desde la voz de Gibbons: "I can't hold this day anymore". "Over" rayó el corazón de los escuchas con el intenso scratch y la melancolía de la cantante sobre el escenario.
Una brisa de intimidad y erotismo se percibió mientras sonaba "Glory Box". Gibbons derrochaba sensualidad en la belleza de su voz, al momento que la noche se veía más estrellada. "Chase the Tear", la canción que no podía faltar, fue un breve instante para despertar momentáneamente.
Pausa. El silencio imperó pocos segundos. Los sintetizadores sonaron y sumieron en fantasía al público. Empezaba "Cowboys" y con ella, la emoción de muchos asistentes. La desesperación se notaba en Gibbons. El clímax llegó al punto máximo con "Threads": un inicio lento y despacio que culminó en distorsión y confusión.
La música terminó y Portishead se despedía del público mexicano. Eran las 21:40. Algunos regresaron a la realidad de golpe, otros se retiraban hacia otros escenarios. Las luces estaban a la mitad de su capacidad, focos morados y naranjas enmarcaron la salida de la agrupación y dejaron ansiosa a la multitud.
21:45. Los gritos no se hicieron esperar. Portishead, de nueva cuenta ante los micrófonos, preparaba la entrada triunfal hacia el encore: "Roads" formó en el ambiente un castillo de aire, un dejo de soledad sonaba por las bocinas, mientras el público coreaba, débil. La emoción desembocó en la locura de "We Carry On", entre luces rojas y el sonido desquiciado de los teclados y la caja de sonidos, los asistentes se movían en una masa homogénea.
De golpe acabó la realidad hecha sueño. Beth Gibbons, con la voz entrecortada, agradeció la intensidad y entrega de las miles de personas. Los años se condensaron en horas que perdieron su poder. La noción de tiempo y espacio se borró de la atmósfera durante la presentación. La noche seguía ahí, como testigo de lo ocurrido, al tiempo que la gente se disipaba, hacia los sonidos lejanos de otro escenario.
Magnífica reseña de un magnífico momento... Sigo alucinando de la emoción!!!
ResponderEliminarwow!... suena un placer casi orgasmico el hecho de presenciar esa serie de acontecimientos... y no creo que sea para menos buena reseña
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