A media luz se comen los amantes, bajo la mortecina luminosidad de un destello, entre las sombras que encierran cuatro paredes. Sus cuerpos se consumen en energía y se transforman en varios rayos que salen del interior.
A media luz también está el cielo de febrero, viendo pasar los bancos de nubes aterciopeladas y el sol cubierto. El éter azul se tapa y el aire une en tórrido romance al calor y al frío. ¿Has visto la bóveda entre sombras, a media luz, puesta en el centro de las montañas?
Es cuando los labios se unen, cuando las nubes se tapan unas a otras, cuando los árboles se mecen con el aire de estos días; es a media luz cuando salen a la cubierta los marineros a admirar la mar en calma y el horizonte partido en dos.
De fondo, la música es dulce y amarga a la vez. Se disuelve en colores claros y se evapora en gases nobles. Vamos a respirar e inflarnos, a recostarnos sobre el pasto y a observar las nubes caminando de la mano por el parque azul, a media luz, mientras aquellos amantes siguen besándose, mientras los estudiantes corren a clases, mientras sueño con las obscenas imágenes de ayer.
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