miércoles, 27 de octubre de 2010

¡Feliz cumpleaños!

Después de un año de todo aquello sólo me gustaría decirte: ¡Felicidades! Espero que estés teniendo un bonito día. Después de todo sé perfectamente que cuando estés leyendo estas líneas probablemente ya no esté aquí.
¿Recuerdas cómo fue la celebración del año pasado? Fue un terrible drama, de esos que nos gusta ver y vivir, pero en el momento fue espantoso. Si algo pudo ser digno, fue tu excelente forma de responderme, siempre igual: entiende, no es posible.
Era una respuesta sencilla y nunca capté la profundidad de esas palabras hasta tu cumpleaños 24. Ahora es el número 25 y trato de pensar cómo será la celebración. Si me permites opinar, a mí me gustaría un gran pastel de chocolate, lleno de crema batida; un vino espumoso y frutas para acompañar. Después caminar y caminar hasta empujarte y hacer que te caigas y tu cabeza golpee contra la banqueta (aunque podemos omitir la última parte).
Si algo debiera regalarte, inicialmente, me gustaría que tuvieras una bonita playera, de esas que no todos tienen, con un estampado original y lindo, o un juego de colores y lápices para que dibujes tus mundos alternos. Pero no, he decidido que sería mejor un par de clavos oxidados sobre esa pintura roja tan fogosa y viva, un par de cristales rotos y unos bellos lentes bajo la suela de mi zapato.
Como toque final, antes que nada, sería ideal partir el pastel y disfrutarlo. Amo el chocolate y sé que tú también, pero estaría fascinado de enterrar tu cara hasta lo mas hondo del pan y dejar toda la crema en tus fosas nasales, casi para ahogarte.
No te preocupes, para bien o para mal, sé de manera certera que no pasarás así tus 25 otoños, recién saliditos. Es una lástima que no estaré ahí para reconfortarte con mis buenos deseos y un bello presente. De todas formas era hora de cerrar el telón y desaparecer entre luminosas cortinas. Una vez más: ¡Feliz cumpleaños, mis mejores deseos!

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