El complemento perfecto y entero produce la sensación grisácea de la vida. Color natural que ante la luz es fusión de blanco y negro, un término medio entre la positividad del elemento anímico del matiz y la negatividad de la mente.
Gris, formado por combinación de rojo y verde, naranja y azul, amarillo y violeta. Color autocomplementado por sí mismo. Autosuficiente y escueto pero ejerce presión y da sabor al entorno en luz de lleno y oscuridad en plano.
Desapercibido de la vida, tristeza exacerbada en sensación de vacío fuera del azul. Rostros llenos de indiferencia y objetividad. Materia y engranes que representan la mecánica y la maquinaria a la par de la compleja estructura del ser humano.
Falta de sentido en donde existe el claro objetivo de una cámara, el gris hace de las tardes soleadas un infinito mosaico de lluvia que cae sobre los edificios. Las ciudades están llenas del gris del concreto y el hidráulico pavimento. Los hombres viajan a velocidades insospechadas sin siquiera moverse.
Escudo de lo externo, coraza fuerte y dura, reflejo recalcitrante del impacto intrínseco del espíritu, el gris lleva a la materialidad el control automático de la vida propia. La intelectualidad está en sí misma en el tono de la plata, del metal, de la fotografía artística.
Negativo, evasivo, desligado. Nubes grisáceas en la bóveda, duro y frío metálico, neutralidad media entre lo brillante y lo elegante. Aislamiento entre las calles, entre lo tangible del espacio, entre el humo y la niebla del pensamiento. Cerrazón del corazón entre cuatro paredes.
[Las grandes revoluciones tecnológicas vienen en escala de grises. Los artistas hoy cierran sus ventanas y se encierran entre marcos grises. Los metales retumban en las salas de conciertos, en acordes de gris. Los lentes se empañan de vapor gris. "Hoy no (...) porque quiero abrirme a los extraños, hundirme en cada paso como el agua tan lejos de mí..."]
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