Tú, que no eres yo.
Tú, que me cortas de raíz por la raíz misma.
Tú, el reflejo de la luna y el aullido de los perros.
Tú, fuera de toda paz y razón.
Tú, letra llena de piel muerta y sangre desvanecida.
Tú, corazón que no late y vive, sin embargo.
Tú, la voz inerte y callada.
Tú, que a falta de respiración, mejor letargo.
Tú, el que se ha quedado sin palabras ante las palabras mismas, dejas fluir el olor de las flores marchitas de todos los días, de todas las horas y los momentos.
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