lunes, 19 de diciembre de 2011

El sastre

Para Marco,
quien ha descosido estos textos para volver a zurcirlos.

Yo no le he visto. Parece ser real pero no lo sé. Me queda claro que existe, al menos en una realidad puesta sobre el papel, pero yo no le he visto. El tiempo ha pasado desde nuestro primer encuentro y no he observado en él la figura que domina su pensar, pero la he visto puesta en letras.
Es una figura que surca sus telas y sus hilos al momento de coser, una silueta que aparece cuando escribe y se va al momento de soltar la pluma,
[pero estoy seguro que existe.]
Tampoco sé si refiere a uno o varios, si son distintos o no, pero siempre (le) escribe en singular. Lo leo y miro a mi alrededor mundos de miel oscura, de pieles muertas y de olores infinitos. Los pétalos opacos le vienen como anillo al dedo, el dolor no se siente en sus letras y la carne no tiene sabor ni hedor.
Le he visto pasar, con estos ojos que no ven. Le observo con otra mirada, una que sólo pocos pueden tener. Sé que escribe pero también me he enterado de sus labores como sastre: por lo regular toma la ropa y la repara, aunque a veces la descose y la deshace para zurcirla con una costura especial, invisible y, al mismo tiempo, preciosa para quienes pueden verla.
El sastre camina por las noches, recorre la ciudad y se funde con las luces urbanas. Cuando llega a casa, se alimenta de libros, porque el pan y el vino no le son suficientes, 
[no le dejan soñar.]
Le he visto sentarse y leer, porque sueña con otros mundos fuera de las texturas de la ropa. Le he visto escribir, porque está en otro sueño y quiere despertar. Le he escuchado confeccionar poesía en voz baja, amar en voz alta y descoser en silencio.

[Poesía, porque en ella está todo su sentir. 
Polvo, el cual soplo del tesoro que descubro cada vez que me siento a leerle. 
Piel, acariciada por sus manos con sus versos.]

El sastre no sólo pone su empeño en las prendas que repara: va hacía los libros y rompe sus páginas con gran velocidad y en constante metáfora. No sólo toma sus hilos para las blusas y los pantalones: voltea estos textos y les remueve los puntos de unión. No sólo rehace y repara, pone una tras otra las nuevas tramas para sus versos.
Me impresiona verle, tan enamorado de su quehacer. Me impresiona sentirle, soñando despierto en los ojos de ese ente que yo no he visto. Me impresiona mirarle, descosiendo una tras otra las puntadas de la retorcida mente de otros.

Yo no le he visto. Sin embargo, parece ser real. Son los perros que ladran al anochecer, son las flores secas y la mesa llena de polvo. Es el pecho del que yo no veo, sobre el cual se recuesta el sastre. Es su poesía, llena de alegorías agridulces,
[llena de la oscuridad de amar.]

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