Alargándose como los dedos de las manos conforme crecen, como los tallos de las plantas cuando se estiran; acortándose como los troncos de los árboles cuando se los corta, como los miembros del cuerpo cuando se pudren... Todas las magnitudes, los sentimientos, las sensaciones y lo perceptible se resume al momento, a la acción de vivir.
Sin vida no es posible nada de lo que ofrece un vasto mundo, uno mismo que se reduce ante las miradas de las personas que han pisado la faz de la tierra, que aumenta con la misma rapidez de la esperanza y la fe de la gente.
Los días pasan como todo, la luz viaja a la misma velocidad de ayer, el sonido ameniza lo gris o colorido de la vida, la gente no se detiene, el planeta gira igual. Sin embargo, ¿qué sucede cuando uno se detiene a pensar en la vida misma?
Pocas veces se puede ver la vida pasar tan lento, sino es cuando uno se detiene a pensar en la vida misma, en su longevidad o su fugacidad, en su injusticia o su generosidad. Hay momentos arriba, otros abajo, algunos más en medio y unos donde no ocurre nada.
Los sucesos cotidianos, los acontecimientos de los periódicos, la televisión y la radio, las pláticas entre vecinos, amigos... La rareza, los fantasmas, los colores que pasan frente a nosotros, todo ello se detiene, adquiere otro sentido cuando la heterogeneidad se presenta y toca a la puerta.
[Sentiste lo mismo el día que te informaron de su cuerpo, el cual yacía inerte... Sentiste el aire pasar y llevarse las lágrimas y los raros sentimientos encontrados, no sabes si sueñas o vives realmente... Dedicado al aire que corrió el sábado que te fuiste y por los demás que se te adelantaron, los seguimos esperando de cierta forma...]
La vida tiene una complejidad infinita, llena de matices, colores y formas, las cuales nos hacen experimentar tan diversos sentimientos y confusiones como los que ahora siente este cuervo con plumas de color indefinido y pensamiento turbio...
ResponderEliminar¿Qué podríamos hacer contra estas enseñanzas (y vivencias) que te da la vida? Creo que sólo me queda aprender, disfrutar y gozar del momento que la vida pone ante nuestros ojos y manos.
Siento temor de las consecuencias que podrían pasar. Sin embargo esas consecuencias de estos actos volatiles sólo están en la mente paranoica de este escritor.
"¿Sabes? hay una historia antigua, de una civilización desconocida por muchos, menos por mí; donde una pequeña dama se enamoró de un señor de otro reino solitario. Cuando lo miró a los ojos, no vio brillo en ellos sólo vacío y eso la atrapó al instante, ya no quiso salir... los demonios desataron su furia contra todos los reinos de la tierra, destruyendo cada rastro de lo que aquella damita tocó alguna vez... Un demonio se enamoró de ella, ella de un señor y el señor no podía amar a nadie, por temor... ¡qué gran error! La dama quedó desolada en un mundo de horror, inexistente de calor, de caricias, de amor. Recuerdos le quedaron... ella quiere tener su cuerpo muerto al lado de su señor amado con el demonio colerico como protector de su corazón..."