La sonrisa que se dibuja en el rostro es de una extrañeza y una peculiaridad nunca antes vista. Sumido en una ciudad fantasma, llena de imágenes que vagan alrededor de las miradas de desconocidos sin rumbo fijo. La belleza de los días va pasando lento, aunque el dolor o la indiferencia asesinen al corazón por espasmos.
No hay nada que ver ni nadie a quien admirar... No se sabe con exactitud cómo se llega aquí, sin embargo los viajes musicales y los colores que se decantan en líquidos crean efectos sinestésicos para explicar la pérdida de la densidad muscular. Las manos se transparentan poco a poco, sin que sea posible sentir los objetos que conforman el complejo entorno.
Las visiones perdidas en el humo del tiempo, las imágenes mentales alojadas en las partes emocionales del cerebro, las nubes con formas raras al atardecer, las siluetas caprichosas de los edificios y las montañas que circundan la masa de asfalto...
Los sonidos urbanos alejándose de mis manos, la musicalidad brotante de los recuerdos: los fantasmas que salen a juguetear con el cabello de su aprisionado, al soplar del caliente aire de los últimos días del invierno tan desfasado, de los cambios tan repentinos en el clima... Hoy el cielo se ve gris, mañana estará azul y tal vez al día siguiente sea rojo...no es posible determinarlo como tampoco sucederá dejar de vivir en constante convivencia con quienes encadenan nuestra voluntad con cadenas invisibles...
[Fantasma (del gr. φάντασμα): Imagen de un objeto que se queda impreso en la fantasía. // Falso o inexistente. //Visión quimérica como la de los sueños o la imaginación. // Ciudad o pueblo inhabitado... Música que viene del fantasma de aquel corazón que solía latir a fuerte ritmo cuando la urbe estaba llena de luces...]
Como en mi debraye dije, todos somos fantasmas, yo lo soy, soy un fantasma con corazón de cristal, unido por hilos de colores, que separan los distintos apartamentos, donde habitan otros fantasmas, con fachada de piedra, a prueba de algunos desatres amorosos. Y donde reina una misma melodia, dictada por el ritmo de los latidos de un corazón que a pesar de ser fantasma se niega a morir.
ResponderEliminarHola!
ResponderEliminarBueno creo que todos vivimos con fantasmas. También la forma liquida de la sociedad nos hace sentirnos y ser desterrados, unos parias en busca de un destino no fijo. Nos obligan a ser fantasmas masificados de pensamientos huecos y de sonrisas falsas con cuerpos superficiales sin espiritualidad.
Somos fantasmas hasta que decidimos ver que el cielo no es azul, sino de otro color más intenso, inexistente y hermoso.