Trasladas tus sueños y miras por la ventana. Intentas absorber el color y dejar lo gris sobre el pavimento de los puentes. Ahí es donde sueñas, despierto, sobre los fríos canales de luces que ahora están fuera.
Las sombras se proyectan ante tus ojos, perdidos siempre en la ausencia de las mismas. La rutina parece ser igual, aunque realmente no sabes como salir de ella. Sólo tomas tu mirada como el lente de una cámara y dejas que tu memoria registre cual cinta cinematográfica.
Los puentes siguen ahí, parados, esperándote, aguardando tus pasos, tus viajes cortos en el pavimento y largos en la mente.
Yo estaba parado en el balcón. Miraba a los vehículos pasar y me distraje del libro. Pasaba las páginas como quien busca desesperadamente algo y no lo encuentra. La tarde rompía en sangre y yo solo veía el tránsito fluir.
Los puentes siempre me han parecido algo útil pero nada más. Yo nunca he creído en los sueños, pérdida de tiempo. Lo que siempre me ha gustado es gastar un par de minutos, con la mirada sobre los ríos de automóviles y con un cigarro.
La vida ha pasado tan rápido y se detiene. La noche llegó y con ella las ganas inmensas de recorrer la ciudad. Pero no, el trabajo llamó a la puerta. Salí de casa y tomé el carro. Me dirigí a los límites de la ciudad, donde las luces han perdido su brillo.
Esperé mucho tiempo antes de la medianoche, leyendo y descifrando mapas de lógicas complejas. Esperé hasta que la voz del deber llegó a mis oídos y me quitó la venda de los ojos. Yo nunca he sabido que es una rutina. Ayer estuve en otro lugar, uno desconocido, con grandes planicies y casi ningún árbol.
Él esperará en vano, sentado sobre la banca de un parque. Llegará pronto el momento en que el día deja de serlo, sin nombre alguno. La luz parecerá una mezcla entre lo natural y lo artificial, respirará el aire con esencia de flores exóticas y se irá a las hojas.
Los árboles le estorbarán la vista del cielo, la cual se llenará de pájaros. Querrá sentir sus ojos cegados por el sol, sentirá su piel y quemará su mente con un cerillo. Pensará si hace las cosas bien y no llegará a conclusión alguna. Sacará la pipa del bolsillo de su saco y fumará tabaco, aunque no sea su preferido.
Dejará pasar la vida, porque tendrá tiempo libre, como siempre. Observará con detenimiento cada detalle y quitará a las personas de su campo visual. Seguirá sentándose en la misma banca, verá la misma escenografía y él mismo cambiará a los personajes.
Nada es igual, la percepción siempre es diferente.
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