Las comisuras encapsulan la abstracción, vuelta atracción. Las olas de pasión se mecen en vaivén y salen, de entre los labios, infinitas muestras de delicia y amargura.
Es una reacción natural sentir el aliento al momento de la respiración agitada, al instante de proferir toda expresión: palabras bellas, sílabas tristes, letras agridulces. La mirada se pierde, los ojos sueltan su brillo y le dan luz a la piel que rodea al palacio de los límites entre uno y otro.
De ella provienen miles de relatos, la división entre un hecho y una descripción, el reposo de las articulaciones en medio de los líquidos y los estertores del amor. Silbante, anhelosa, puesta para ser admirada, de color o al natural: sus labios protegidos por púas, sus respiros incansables, su aliento.
Tantas lenguas para decir todo, resumirle en una frase pequeña: ta bouche, la tua bocca, your mouth, dein Mund, din mun. Pasar los segundos, los minutos, las horas, el tiempo y toda medida en tu boca.
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