"Si tanto me quieres, haz como el resto de todas las mujeres."
Hacía mucho que no escribía aquí. El tiempo se me ha ido pensando en sueños proyectados en pantalla grande, en declinaciones y conjugaciones verbales, en música y en pláticas con olor a café pero con sabor a mierda. De todo lo más interesante que vi y pude mostrar fueron las hojas de mis libros, abriéndose otra vez para sacar su esencia amarillenta a mis ojos y mi nariz.
Las literaturas que hice mías a lo largo del tiempo volvieron a resurgir sobre una brillante y reluciente superficie blanca en una tarde de domingo. De ahí me regresó la pasión por escribir, la cual se había hundido en un coma mortal causado por la pesadez del sueño y el exceso de grasas y alcoholes insalubres.
Los colores sobrios y a la vez vivos de las cubiertas suaves de las libretas en cuyas hojas duras comencé a garabatear, se decantaron en mis manos sudorosas. Los ecos de una melodía pegajosa siguen atrapados en las telarañas de mi cerebro. Es enero ya y los chatos que nos sentamos cada noche en este sillón a mirar los fugaces puntos que componen el grosor de esta pantalla, seguimos empantanados.
Sin embargo las palabras me volvieron a sonar perfectas, curiosamente, entre fotografías y películas. El sin sentido de la cotidianidad regresó a mis brazos y me dio un fuerte abrazo que me sacó el aire. Ahora sólo quiero ser más descriptivo y a la vez misterioso entre nuevas reglas ortográficas, presumir de que mi memoria se quemó bajo el sol de invierno, descifrar la estupidez de sílabas tan sencillas y correr tras la luna en búsqueda del perro que perdí hace unos cuantos ayeres.
Quiero saber cómo es que la guapura de una persona como el Clavé puede conjugarse con un cierto aire de ausencia y estética tirada a un hoyo de idiotez. Por eso: "no quiero verla, sólo algo nuevo, algo no visto, algo que no sé..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario