Las voces grabadas adquirían un nuevo sentido. Después de haber leído las hojas que dejaste sobre el escritorio podía comprender la fusión entre el llanto y la risa. En pleno atardecer, viendo pasar a los caminantes y el olor de los carros, sólo recordaba los marcos entre los cuales estaban miles de rostros desconocidos.
Caras y caras, pintadas alrededor del mundo, descarapelándose al correr de las horas. Los días eran más largos y las luces eran más nostálgicas. Nuestras risas se escuchaban obscenas, los sonidos habían vuelto a girar y ahora sonaban diferente.
Cada marco representaba una parte de tu corazón, un pedazo en un lugar del planeta. El mismo escritorio se separaba de su decorado. Las paredes fueron las espectadoras de miles de preguntas. Los mapas colgados, las repisas atiborradas de libros, las fotografías iban decolorándose, todo iba hacia atrás.
Retratos, faltos de ojos y boca. Solitarios, en silencio, decidieron no ver. Letras de fuerte entonación recorrían una y otra vez las mismas páginas. Un momento, un respiro, una gran caja de madera. Sentado en el piso, empecé a recoger los pedazos de las memorias y, una por una, las fui metiendo ahí.
Cada objeto que había amado, cada frase desesperada como si saliera de sus labios, una necesidad de regreso. Finalmente era un desconocido entre la oscuridad de un cuarto y la iluminación de afuera. Me levanté y encendí la luz. Dejé mis labios dentro, los enterré con un puño de tierra y un chorro de sangre.
Puse el corazón ahí, deshecho a martillazos y a pedradas. Un reloj descompuesto, un par de preguntas sin responder, una nota musical para piano, un trozo de madera... Todo lo metí y lo llené de sangre, enterrándolo conmigo mismo. Sólo sonaban los aviones que surcaban el cielo antes de que cayera la noche.
Como te había dicho antes, me encanta la forma en que al leer la descripción se va formando poco a poco la escena en mi mente, es mi texto favorito hasta ahorita, pero me quedan varios por leer jeje, me encanta!
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