Las luces de la ciudad estaban ahí, brillando incandescentes. Las ramas de los árboles se movían con el viento. Los jóvenes amantes se apartaban uno del otro. El compás de los corazones, a latido batiente e incansable, era una sinfonía de colores rojizos en un torbellino de pasiones que empezaban...
-Siento algo muy raro, algo que no me deja continuar-dijo ella.
-¿Qué es eso?- agregó él-¿Puedes explicarte mejor?
-Dime, ¿acaso no sientes miedo? No sé qué hacer ahora.
-Lo único que puedo responder es: déjate llevar y fluye.
Las avenidas y calles estaban prácticamente vacías. Los pocos autos que circulaban iban más rápido de lo normal. El silencio se hacía entre los dos y entre los pasajeros de aquel vagón. Así pasaba una noche más, yendo juntos, regresando juntos, una vez más.
También los días fueron uno tras otro, los tonos azules y naranjas del atardecer del último día, los caminantes en los jardines, los sonidos de juego como música a los oídos del poeta... Sí, el miedo la había paralizado. La esperanza del muchacho se quedó ahí, en aquella tarde de otoño.
"Mueves tu cabeza alrededor, sigues recostado en el pasto, como si estuvieses buscando alivio, el cual no encontrarás aquí. ¿Acaso no estás aterrorizado? ¿Acaso no lo estamos? Pensándolo bien, hubiéramos actuado cuando era tiempo... Pero el hubiera no existe. Las alas que sueles dibujarte, esta vez, no te ayudarán a volar lejos..."
Después, aquel joven se levantó de su letargo, abrió su mochila y sacó una cajetilla, tomó un cigarro, lo encendió y mientras fumaba lentamente, iba caminando. Lo de ayer sólo había sido un sueño...
Este me gusto u.u
ResponderEliminaryo he sentido terror muchas veces u.u