miércoles, 30 de mayo de 2012

Mirar la luz

Vacío. Mirar a la nada sin saber a dónde voltear. Ser maestro de la nada en tierra poblada, cortado desde la raíz y al corazón, con las arterias libres de todo peso. Mirar todas estas hojas en blanco y sumergirse en el mar de la aporía, sin esperanzas ni aire. Me he quedado seco en este bosque, marchito entre todas las flores. Los girasoles, muertos a plena luz solar; las águilas, cuyas alas ahora vuelan bajas y desplumadas; las grandes mentes, tiradas sobre la superficie banal de un campo vasto.
Mirar la luz y ver las luciérnagas que vuelan en penumbra. Saberse absorbido y ver la vida desaparecer de las pupilas propias. Observar y caer sobre el asfalto hirviente, bajo un manto estelar inmenso.
Mirar todos estos semáforos en rojo y ver la orquesta de vientos-metal impávida.
Escribir frases sueltas y letras muertas.
Nuestros ojos se queman a la luz de la luna.
La locura es blanca como una tira de heroína, pintada bajo grandes reflectores.
Dejar la sangre fluir por el cerebro y caer por el rostro.
Mirar la oscuridad y saber que la fe está atrapada en las ramas de un lugar desconocido.

Mirar la locura y encontrársela en la negrura de la cara, rompiendo el cristal a golpes de bala y pelota.
A golpe de puño...

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