De todos los sentidos posibles, los conocidos, los más explotados, aquel con el cual escuchamos es el menos apreciado y el más hermoso. El oído permite complementar las armonías visuales a través de sonidos que hipnotizan, relajan o destruyen. Quien no percibe por medio de los ojos tiene la capacidad de ver con sus orejas: sinestesia continua.
Son los contrastes auditivos más resaltantes que los visuales. Al poder escuchar se es capaz de navegar por el mundo entero con una venda en los ojos, en oscuridad total; o bien, se funde en los colores de la visión.
Desde la caída de un alfiler hasta el golpeteo de una baqueta contra un tambor, los latidos del corazón y las gotas de lluvia al caer, el aire de otoño que arrastra las hojas...sonidos que componen acordes y notas...sin audición no existiría la lectura en voz alta ni la música, los bellos poemas que los antiguos caballeros recitaban a las doncellas o los cantares de los trovadores en los tiempos medievales.
Por el oído se conquista al corazón, se llega al alma, se inunda el cuerpo de sensaciones extrañas y se experimenta en decibeles de alegría, melancolía, indiferencia o filosofía...todo depende de la perspectiva auditiva del receptor.
Empero, las personas que no escuchan pierden importantísima parte de la belleza de la vida, de los sonidos, los tonos y timbres, los acordes... Sordera que equivale a falta de estética, incomprensión, un rompecabezas con piezas extraviadas, sumergirse en un lenguaje totalmente gráfico.
[Uno a uno los sonidos se entrelazan... Uno a uno, sin querer, forman ritmo...melodía que explota en decibeles, aumenta la presión sanguínea y el latir del corazón; guarda silencio y lo escucharás fundirse con los nuevos acordes...]
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