Tercera carta
Parado en el centro de toda la plancha, al mediodía, cuando las sombras no se proyectan y el sol pega duro sobre todos los objetos. Pensando y viendo pasar los autos que desaparecen como imágenes borrosas que van y vienen.
En aquella cocina olvidada, sobre los alimentos abandonados encima de la mesa yace una capa de polvo fino. Ventanas sucias, puertas que rechinan, campanas que no repican más. Pan viejo, vino, queso, frutas, mantequilla dura y mermelada. Cuando muerdo el pan, tomo un trago de vino o muerdo el queso no puedo sentir el polvo que los cubre, no percibo sabor alguno.
Al salir a la calle me rodean altos edificios grises, los cuales se juntan cada vez más, se acercan y aprisionan mi persona lentamente. El verdor de los árboles se desvaneció, la nieve ha caído sobre toda la ciudad.
Dos semanas han pasado y sigo sin sentir cosa alguna. No hay lágrima ni sonrisa ni gesto alguno. Ni siquiera la indiferencia ha pasado por aquí. Personas que hablan cerca de mis oídos, tan fuerte y claro; tantas voces al unísono y ninguna hace sentido alguno. Discursos repetidos una y otra vez al infinito.
Visión corta, reducida. Grandes distancias. Luces mortecinas que matan al albino que se asoma por la ventana apenas sostenida por oxidadas bisagras. Personas que hablan, corren, caminan y están en silencio. Caminan lento, rápido y pasan borrándose a sí mismas de la faz...
Sentidos perdidos, sentidos recuperados. Silencios largos, voces que siguen al infinito. Sigo esperando, ahora sentado, cubierto en una capa fina de polvo. Ojos cerrados, sonrisa fuera, lágrimas secas, sentidos atrofiados. Efectos de una ruptura, un rompimiento de fibras internas, lento...
[Ruptura de uno mismo con el entorno, ruptura que deja de tener sabor al no tener otro ser, ruptura que se sabe rota cuando se escuchan sonidos de amantes en la habitación de al lado...]
En una habitación de un hotel, mientras el duerme y yo lo miro sin sentir nada. Ya no hay reproches ni llanto.
ResponderEliminarTomo una manzana de mi bolso y comienzo a comerla, sin esperar nada -sin sentir hambre-.
cómo citaria un amigo: !"el sexo son solo 4 minutos de ruido distorsionado", espero que llegue pronto una ruptura mas brusca, ruidosa y sucia jojo, para que deguste de nuevo de la amplitud y longitud de sabores de la vida recuerde hay momentos insípidos en ese abanico salu2
ResponderEliminarMe ha causado cierto conflicto esta carta porque cuando uno deja de sentir las sensaciones y emociones más básicas, dejas de vivir. Al final del texto, me da la impresión de que está muerto sino en sentido estricto si en vida, un muerto que habla y camina es incapaz de amar a otros y amarse a sí mismo.
ResponderEliminarMe ha gustado, pero con mis reservas supongo es el estado de ánimo...
Quisiera romper todo lazo de conexión hacia él, pero me sigue como una sombra, pegado a mí y a mi vida. Él es y será el más grande de mis demonios, el más cruel de mis pecados y el más dulce de mis silencios, de mi muerte amable causada por él y de él.